Joan Baez y Bob Dylan. Fotograma de "Don't look back".
Joan Baez y Bob Dylan. Fotograma de "Don't look back".

Canción de dos

Las manos, donde deben estar: en los bolsillos

Al final uno pierde la cuenta y ya no sabe si estaba enamorado o si es la cabeza que busca tiempo para campar a sus anchas, sin pausas de hidratación y con el día por delante, hasta encontrar su nombre en las esquinas y en las noches, en los libros y en los bares, en la canción que fue de uno, se hizo de dos y terminó por no ser de nadie. Así que más vale dejar en calma la canción y la memoria, conservar las manos en los bolsillos y contener los impulsos de los brazos, no vayan a estirarse hasta alcanzar los recuerdos para colocarlos a su antojo, en la vitrina, a la vista de cualquiera. Como le ocurre a Santi en Miss Marte, la novela de Manuel Jabois; suya es la historia más triste porque un minuto antes de conocer a Mai vivía feliz y entre amigos, estirado en la arena y al sol como un lagarto, jugando un verano más a ser niño; un minuto después, qué iba a saber, se le puso cara de verdugo: ejecutó una sentencia de muerte y esa muerte fue la suya. Mai y Santi se enamoraron tan locamente que creyeron estar enamorados de antes. Luego se casaron y las luces se apagaron. Algo ocurrió entre tanto, es cierto. Pero ¿no habría ocurrido algo de todos modos? Suya es la historia más triste porque Mai y Santi murieron el mismo día. Mai se adentró en el mar, nadó al horizonte y nada más. Santi no estuvo allí y, sin embargo, sintió el agua deslizarse en los pulmones, el corazón al borde del colapso, la verdad inapelable de la muerte, y los años pasaron en una vida sin vida, sin saber si seguía enamorado o si era su cabeza, que regresaba, sin pausas de hidratación y con el día por delante, a la misma canción de siempre.

Jorge Raya Pons

Castellón de la Plana, 1992. Vive en Madrid y es redactor de El Español. Anteriormente trabajó en The Objective, El Mundo y Expansión. Un día aspiró a ser futbolista profesional. No cayó esa breva. Decidió probar con el periodismo. Con el oficio le alcanza para techo y comida.

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