Pierre Bonnard. Jeune femme écrivant, 1908.
Pierre Bonnard. Jeune femme écrivant, 1908.

Cómo tomar notas

¿Qué ocurre cuando eras escritora?

Yo era escritora, o creía serlo. Pero un día dejé de escribir. Un día del que ya han pasado tantos años que no os puedo decir bien. Mentiría y entonces, además de no ser escritora, sería una mentirosa. Aunque eso un poco sí que lo soy. Solo hay una persona que ha dado en el clavo con mi adjetivo, ese que no se te ocurre cuando te piden que te describas en algún juego estúpido, y no es mentirosa, ni escritora. ¿Escritora de escritora? ¿De escribir libros? ¿O escritora como adjetivo? Me suena a charlatana. Tiene algo de despectivo. Igual no os encaja porque no creo que se haya usado así, me atrevería a decir que nunca y sé que es absurdo. Pero suena como a que redacto pequeñas notas en el bloc que tengo en la entrada, el bloc de «compra pan», «baja basura», «llama a mamá». Definitivamente estos ejemplos no encajan del todo, pero tengo uno que acabará de aclararlo. Me imagino una comida familiar, el cumpleaños de una abuela. Toda la familia alrededor de una mesa, de madera, en el patio de atrás de una casa en el campo. De una forma inesperada, o mejor, muy esperada, justo después de que la abuela sople las velas de la tarta, todos aplauden y yo me levanto. Tengo un papel en la mano. Todos se habían dado cuenta porque llevo un rato jugando con él en el bolsillo. No me importaba demasiado que la abuela soplara las velas de una o si caía algo de cera en la tarta, o analizar cuán asqueroso puede llegar a ser comerse un pedazo de tarta sobre la que alguien, me da igual que sea de la familia, acaba de esparcir a saber cuántas partículas de su propia saliva. En fin, que me levanto y leo el papel. Un pequeño discurso que se me ha ocurrido a falta de un regalo digno para ella. Unas palabritas, como suele decirse. Acabo, algunos lloran. Todos aplauden. De pronto, acabo de robarle el protagonismo a mi abuela. Fácil, sutil, ególatra. No son adjetivos que me describan al cien por cien. Entonces mi madre se levanta, me da un beso y comenta:

—Es que mira que es escritora.

Me entiendes ahora, ¿no? Yo creía que era escritora, de escritora. En ese momento es posible que pensara: «Tengo que dedicarme a eso. Mira cómo lloran. Eso es que soy buena». Yo era escritora, o creía serlo. Pero un día dejé de serlo porque empecé a leer. Y de largas cartas a novios tontos empezaron a salirme frases cortas, rimas finas, palabras sueltas, prestadas, indecibles, amargadas. Escribía tan poco… me costaba tanto cerrar una frase… que decidí callarme. Pensé en mi escritura. Pensé en si me aplaudirían al terminar de leer lo que ahora era. Apenas unas cuantas palabras torpes sobre lo poco que me quedaba con ella. Y yo sin saberlo. Me dio asco probar ese trozo de tarta. Me dio asco ser escritora. Pensé en mi padre. Él acertó con el adjetivo. Eres una desagradecida.

Blanca Felipe

Castellón de la Plana, 1992. Vive en Barcelona. Filóloga, poeta y bailaora. Colaboró como correctora y redactora en la revista Quaderni Ibero Americani. Actualmente trabaja como profesora de español. Poemario in process.

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