En su amor, el esplendor y la tristeza de este mundo

Scott amó a Zelda con el corazón y con el alma; Zelda lo amó en el alcoholismo y en la riqueza. Durante una década los Fitzgerald se amaron y se consumieron en una fiesta infinita, donde el resto salía y regresaba mientras ellos continuaban, espectadores de la demolición, con el peso de la angustia a cuestas. Tan hermosos y malditos, el sueño de la eternidad se emborronó por la ginebra y la locura y terminaron condenados al tormento, con Zelda en un psiquiátrico y Scott muerto en vida. “Es un amor que se da cada siglo; la vida se acabó cuando Zelda y yo fracasamos”. Scott partió a los 40 por un ataque al corazón y su lápida esperó siete años y 78 días al cuerpo de Zelda, abrasada por las llamas nada metafóricas de un incendio en su hospital. En la lápida está inscrita la cita más conmovedora de Scott: “Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado”. En su amor, el esplendor y la tristeza de este mundo.

Escrito por

Castellón de la Plana, 1992. Vive en Madrid y es redactor en The Objective. Anteriormente trabajó en El Mundo y Expansión. Un día aspiró a ser futbolista profesional. No cayó esa breva. Decidió probar con el periodismo. Con el oficio le alcanza para techo y comida.

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