El arte es Yung Beef fumándose un canuto en plano fijo

Recuerdo odiar el reggaetón en las discotecas y decir con seguridad que Motörhead y AC/DC, que tanto me gustaban, estaban necesariamente por encima de todo aquello. Pero en algún momento de estos años se resquebrajaron los prejuicios para siempre, asumí como propio aquel cliché de que todos los géneros son la música y aprendí a juzgar la carta igual por la letra que por la pluma. Me llamó la atención un dato que dio Jaime Altozano en uno de sus vídeos: el descenso abrumador de la guitarra eléctrica en las búsquedas de Google. La guitarra eléctrica como un instrumento más. La guitarra eléctrica como un elemento prescindible. Descubrí que Fender y Gibson, las dos marcas fundamentales, están en números rojos, no saben cómo levantar el negocio, lentamente mueren.
 

Hace unos meses comencé a interesarme a fondo por el trap y algunos amigos se preocuparon. Yo traté de calmarlos: “Seguiré escuchando Led Zeppelin”. Solo que es inevitable caer rendido ante tanta energía arrebatadora, tanto ímpetu nihilista, la actitud genuina de un tiempo donde nada acaba de morir y nada acaba de nacer. Descubrí a un chaval que se llama Fernando y se hace llamar Yung Beef, inspirado por la canción Young and beautiful de Lana del Rey, que con 14 años recogía chatarra y con 28 llena salas. El otro día, en el bar de mi amigo Rafa, me encontré con un grupo de traperos y quise lanzarles un guiño. Pedí que pusieran Beef BoyNo soy real, qué va, me la suda la música/ Pero yo hago una llamada y se agita la industria— y los chavales enloquecieron.
 

Yung Beef no es un superdotado de la música —no lo es, no lo necesita—. Pero tiene la capacidad para asombrarnos de Jackson Pollock y el carisma mesiánico de L. Ron Hubbard y con él me viene a la cabeza la imagen de un hombre al borde de un profundo precipicio, al final de un gran campo de centeno donde corren los niños lejos de la mirada atenta de sus padres, evitando que caigan y diciéndoles a cambio: “¿Veis, niños? El abismo”.
 

Antes de publicar esta columna, he leído los comentarios en YouTube de la colaboración entre Los Planetas y Yung Beef en el Primavera 1La canción en cuestión es Islamabad, donde Los Planetas toman palabras del tema 27 de Yung Beef: “Estoy cayendo p’arriba/Mami, dame la bendición/Aunque no consiga nada/Mami, tuve ambición”.Lo desgrano un poco en la postdata. y he reído un poco. “¿Y tú quién te crees que eres, yonqui que estás en los huesos, esmirriado y volado y sin voz, para cantar con Los Planetas?”. La respuesta la tiene Jota cuando lo despide del escenario: “Puto genio”.
 

Si por alguna razón aparecieran los jinetes del Apocalipsis, si el vacío se hiciera en la Tierra y estuviéramos todos condenados, todos en fila y uno por uno, los jinetes tendrían su rostro, tendrían tatuajes en los brazos y en los pómulos y dientes de oro y un medallón de Cristo apoyado en el suéter de Gucci. Me rindo ante su concepto tan elevado de la estética y estoy de acuerdo con José Ángel Mañas: es fascinante ver un vídeo en plano fijo de Yung Beef fumándose un canuto. Tan artístico y tan oscuro como la decadencia de Sid Vicious, que murió con una aguja en el brazo sin tiempo para imaginar que su muerte lo haría eterno.

 


 

PD: Si no has escuchado antes a Yung Beef, dale una oportunidad a esta canción: 27. También conocida como Ready pa morir, no deja de ser significativo que Yung Beef la bautizara con un número y que ese número sea el 27. ¿Hace falta recordar la lista de músicos que murieron a esa edad? La escribió cuando todavía no los había cumplido y sus letras contienen los elementos fundamentales en todas sus canciones: el éxito 2“Ingresao’ de gravedad po’ querer brillar/ Aquí tos’ sabían ya cómo iba a acabar”, la religión 3“Me levanto con Dios/ me acuesto con el Demonio”, las drogas 4“Me acuesto intoxicao’/ ca’ día más delgao'” + “La calle está mala/ necesita medicación” y las mujeres 5“Mami, yo no puo’ guarda mi bicho quieto/ Y estas putas no pue’n guardar un secreto”. En las anotaciones, por supuesto, solo he dejado espacio para unos ejemplos. Es una joya esquiva para los puritanos del rock o el rap, espantados por la sobredosis de autotune y la jerga barriobajera tan poorganguiana del tema. Pero Yung Beef, C. Tangana y compañía son lo más interesante —con permiso de Rosalía— que le ha ocurrido a la música española en una década.

Escrito por

Castellón de la Plana, 1992. Vive en Madrid y es redactor en The Objective. Anteriormente trabajó en El Mundo y Expansión. Un día aspiró a ser futbolista profesional. No cayó esa breva. Decidió probar con el periodismo. Con el oficio le alcanza para techo y comida.

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