Ray Loriga en el agujero negro

 

 

«M me dijo que todo lo peor, lo que menos te gusta en el mundo, está dentro de un agujero negro y que puedes no verlo, pero si te asomas un poco ya estás dentro».

Ray Loriga. Lo peor de todo.

 

No hace mucho conocí a Ray Loriga. Las entrevistas promocionales dan para poco, apenas 30 minutos donde te ves más o menos obligado a preguntar sobre un libro, al mismo tiempo que te las ingenias para no caer en las preguntas de siempre. Cuando pienso en la posición del entrevistado imagino lo aburrido que es hablar de uno mismo todo el tiempo.
 

Ray Loriga llegó con gafas de sol y tomamos una cerveza y fue divertido1La entrevista se publicó en The Objective el 22 de febrero de 2019.. A Ray Loriga le pregunté de qué cuestión está más cansado y me dijo que de aquellas que inciden en los clichés, como que parece una estrella de rock. Luego recordó otra que le solían hacer al comienzo de su carrera: “¿Qué es lo peor de todo?”. Yo reí y él dio otro trago.
 

Me gustó mucho Lo peor de todo porque es sincera y directa y es la novela debut que yo querría escribir si tuviera una novela debut entre manos. Ray dice que su publicación fue un huracán, un fenómeno literario como los de antes, cuando los escritores eran ídolos. La novela se publicó el año en que nací.
 

Ray Loriga salía entonces con una cantante guapísima, Christina Rosenvinge, y tuvieron dos hijos y luego se separaron y comenzaron a verlo con una modelo guapísima, Eugenia Silva, que más adelante se casó con un Borbón. No sé si esto es relevante, pero lo que quiero decir es que sí lo era para los paparazzis y que eso no ocurre con muchos escritores.
 

Volví a verlo en Barcelona, por el Kosmopolis, y nos dimos un abrazo. “Hombre, Ray, ¿cómo estás?”. Ray tenía el último libro de Dave Eggers en una mano y una cogorza de época de pies a cabeza y me dijo: “Eso no se pregunta”. Después en el escenario era tan evidente lo que ocurría que el público reía y se daba codazos y hacía gestos2Escribí una crónica para The Objective el 23 de marzo: “Dave Eggers y Ray Loriga: dos estrellas, dos universos”.. El moderador quiso hacerle algunas preguntas y Ray Loriga protestó con gracia: “Las preguntas son feas y las respuestas son falsas”. No quiso hablar de su libro ni de su obra, ejecutó todas las maniobras de distracción que tuvo al alcance —canciones antiguas, anécdotas de otros, conversaciones con Lynch— con tal de engañar al reloj de arena. Su angustia podía percibirse a diez kilómetros y el público reía. Hay personas que no van al zoo porque sienten lástima por los animales, pero aplauden sin parar si se exhibe un cuerpo humano.
 

Ray Loriga estaba desatado y estimulado, igual que el toro en el cerco de una plaza —enloquecido pero cercado, al fin y al cabo—, podía hablar de Salinger y de Cheever y de las fiestas glamurosas en Nueva York y de Ibiza y Madrid en los ochenta o noventa. Las mejores entrevistas son aquellas donde el periodista hace como que no pregunta y el protagonista hace como que no responde. Lo peor de todo son las ocasiones perdidas. Una editora me dijo a la salida que el acto fue un desastre y yo opiné lo contrario. En realidad, lo que le dije fue otra cosa: “¿Quién quiere acariciar un león domado cuando puede admirar un león salvaje?”.

Escrito por

Castellón de la Plana, 1992. Vive en Madrid y es redactor en The Objective. Anteriormente trabajó en El Mundo y Expansión. Un día aspiró a ser futbolista profesional. No cayó esa breva. Decidió probar con el periodismo. Con el oficio le alcanza para techo y comida.

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