Sólo es fútbol

 

Pellegrino buscó el impulso desde la frontal del área, en el penalti decisivo. Se acercó con mucha velocidad al balón, puso el cuerpo abajo y marcó demasiado la pierna izquierda: la pelota fue a media altura, cómoda para Kahn, que lo tuve el resto de mi infancia por un ogro. Recuerdo que lloré como un niño –en realidad, era un niño– cuando el Valencia perdió en los penaltis aquella final de Champions contra el Bayern de Múnich. Las cámaras enfocaban a las gradas color naranja y en esas gradas solamente había gente muy triste. Me fui a la cama llorando y mi madre me acompañó hasta la habitación. Fue la primera vez que lo oí: “Sólo es fútbol”. Luego seguí llorando hasta dormirme.
 

Sólo es fútbol. Hay una pelota en medio y el objetivo es que acabe dentro de la portería contraria tantas veces como sea posible. Es un poco ridículo y tonto, pero ¿qué no lo es visto de cerca? No hay razones para amar el fútbol, a fin de cuentas sólo es fútbol, y al mismo tiempo hay mil razones para que te haga perder la cabeza. El fútbol es más que una fe; incluso de fe puede cambiar uno. Cuando le preguntaron a Muhammad Ali por qué abrazó el Islam con 22 años, el boxeador de leyenda respondió: “Soy libre de ser lo que quiero”. Nadie es libre en el fútbol de ser lo que quiere, igual que todos somos presos del lugar donde crecimos.
 

Hay algo emotivo en las lágrimas del capitán Dani Parejo al levantar la Copa del Rey: lleva ocho años en el Valencia y en al menos la mitad se ha querido marchar o han querido que se marchara. Las batallas que nos emocionan son aquellas donde la derrota está escrita en el guion, pero nada impide el afán por revertirlo. Dijo el magnífico entrenador Marcelo Bielsa que en cualquier tarea se puede ganar o perder, pero que lo importante es la nobleza de los recursos empleados. El afán y la nobleza, dos atributos tan antiguos como el ser humano.
 
Por supuesto, sólo es fútbol.
 

Escrito por

Castellón de la Plana, 1992. Vive en Madrid y es redactor en The Objective. Anteriormente trabajó en El Mundo y Expansión. Un día aspiró a ser futbolista profesional. No cayó esa breva. Decidió probar con el periodismo. Con el oficio le alcanza para techo y comida.

Deja un comentario

Tu cuenta de correo electrónico no aparecerá publicada. Los campos obligatorios están marcados*

Introduce tu búsqueda y dale a enter