Federico Jiménez Losantos ficha por Cadena SER

Tampoco la voz más carismática de la derecha está a salvo de Vox.

Federico Jiménez Losantos, en su matinal de EsRadio.
Federico Jiménez Losantos, en su matinal de EsRadio.

Nadie es nunca verdaderamente de izquierdas. Tengo un amigo bolchevique que ve a Manuela Carmena de derechas. Pero no sólo a la exalcaldesa de Madrid, ¡también a Santiago Carrillo!

La verdadera izquierda es religiosa. Cuando escapa del monasterio, se corrompe. Aplica el colectivismo o deriva en liberal, y en el segundo supuesto, al menos, nos ahorra unos muertos. Queda claro que el peor enemigo de un bolchevique no es un fascista, ni siquiera un menchevique: es otro bolchevique. Del mismo modo que para la vieja nueva derecha hay algo peor que un comunista o un socialdemócrata: un europeo occidental del siglo XXI.

Hace un tiempo, cuando todavía lucía su poco ibérico apellido Frings, Juan García-Gallardo pedía la convocatoria de Raúl a la Eurocopa para «heterosexualizar ese deporte repleto de maricones». El año pasado, cuando se presentó por Vox en Castilla y León —cómo sería la audición—, explicó que era una broma. Que tus lágrimas de progre te impiden pillar el chiste, como si fuera la teoría de cuerdas. Así que cuando apareció en rueda de prensa para anunciar la medida y habló de ecografías, latidos ultrasónicos, cuatro dimensiones, parecía otra de las suyas: ¡lo ha vuelto a hacer!

Pero Frings no pretendía ser ingenioso o divertido. Pretendía establecer un protocolo para obligar a los médicos de la región a ofrecer la escucha del pulso embrionario a las mujeres que quieran interrumpir su embarazo. El mismo Frings que critica la emotividad de la izquierda.

El vicepresidente, por capillita o por manso, encuentra en cada huevo de tu nevera la gloria de Dios interrumpida. A juicio de Vox y ciertas sectas, existe un sistema que anima a las mujeres al aborto, que oculta «información» y pasa el rodillo, cada año y con impunidad, sobre miles de vidas humanas. El macabro éxito del plan es cuantificable: 90.189 asesinados en 2021, a manos del Estado, con la necesaria contribución de 90.189 eichmanns.

Pero algo me dice que ni siquiera Vox se lo toma demasiado a pecho. De lo contrario, ¿por qué no impone la prohibición del aborto como línea roja de cualquier negociación o programa? ¿Qué otra prioridad —política, social, económica, moral— prevalece sobre salvar de la muerte a miles de niños indefensos?

El lado oscuro de la estupidez es la frivolidad. Si al menos supiera Frings de qué va el tema, como quedó claro que no («no soy un experto en embarazos», confesó a los periodistas), evitaría quedar como un pobre iletrado. Pero le da lo justo para atarse los cordones sin enredarse los dedos. Y desde entonces no levanta cabeza. Accedió a una entrevista con Ana Rosa Quintana, que le puso ante el espejo, y Frings reaccionó a lo grande: «Sólo queremos dar más información a las madres. Qué medida más estrambótica para algunos como ustedes».

Le perdió la ambigüedad. Qué información omiten las clínicas, ¿la hoja parroquial? Hasta dónde llega la acusación, ¿hasta los infiltrados rojos de la derecha? A falta de información sobre el sujeto que reúne a todos los ustedes, en esta lógica mulá de fieles y herejes, Federico Jiménez Losantos tuvo ocasión de resolver la incógnita con Rocío Monasterio, candidata de Vox a la Comunidad de Madrid. No decepcionó: «Cuando la SER dicta algo a la derecha, [ellos/ustedes] agachan las orejas». ¡Hasta Federico Jiménez Losantos!

Y sin embargo las que sí siguen el ritmo del dictado son Monasterio, con la capacidad argumental de un auténtico Frings («quieren amordazar a las mujeres», «a nadie le daña la información»), y la verdadera derecha. Sólo toleran una contaminación extranjera y es la ideológica. Importan las convicciones sobre China del trumpismo y los protocolos inaplicables de la Hungría de Viktor Orbán, única aliada europea de Putin en la invasión de la vecina Ucrania. ¿Qué ibericidad cabe esperar que extraigan de Brasilia y Bolsonaro?

Poco importa. Los españoles no irán con Vox tan lejos. Puede que Abascal esté haciendo sus propios cálculos: separarse de Feijóo, abandonarlo a merced del PSOE, aguardar a su caída. Sería el peor de sus pecados. A la soberbia de medir sus tres millones y medio de votantes de 2019 con el millón de oyentes diarios de Federico Jiménez Losantos se uniría la inexplicable convicción de que comparten destino con los Hermanos de Italia de Giorgia Meloni, y no con el Ciudadanos de Albert Rivera.

Jorge Raya Pons

Castellón de la Plana, 1992. Vive en Madrid y es periodista en El Español. Escribe y locuta. Anteriormente trabajó en The Objective, El Mundo y Expansión. Un día aspiró a ser futbolista profesional. No cayó esa breva. Decidió probar con el periodismo. Con el oficio le alcanza para techo y comida.

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