Así nace una nueva sección, que se llama Libros que no son una pérdida de tiempo (#LQNSUPDT). Como si alguien fuera a recordar el acrónimo. ¿En qué consiste? En compartir libros que valen la pena, que son extraordinarios por algún motivo y que son la definición misma de la literatura. El primero de la temporada: Libertad, la cuarta novela de Jonathan Franzen. La escribió perseguido por la sombra de su anterior título, Las correcciones, que vendió millones de ejemplares tras su publicación en 2001, y empujado por un suceso trágico que le puso sobre aviso: la muerte de su amigo y confidente David Foster Wallace.
 

Franzen tardó ocho años en dar forma a esta novela y sólo uno en escribirla. A las librerías llegó en 2010 y con ella alcanzó el botín que anhelaba: escribir la obra definitiva sobre la era Obama… y algo más. Porque lo hizo con un espíritu condenadamente premonitorio. Sus páginas anticipan la inestabilidad política, la crisis climática, la plutocracia, el fin del silencio ante la violencia sexual.
 

Y no son éstos sus únicos méritos. Nos encontramos ante un retrato magnífico de la ingratitud, la desesperanza, la hipocresía, la banalidad, la caída del sueño americano y, en definitiva, del ser humano. Libertad es una obra maestra que confirma a Jonathan Franzen como uno de los autores más inteligentes y extraordinarios de su generación.

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