Antidisturbios y Las brujas (de Roald Dahl) no se han librado. Algunos policías se han ofendido porque no les gusta lo que se cuenta en la serie de Rodrigo Sorogoyen, o lo que intuyen que se cuenta; algunas asociaciones protestan porque la villana de la película padece electrodactilia, y qué estigmatización para quienes lo sufren de verdad. Hablo de eso, ya se ve: de la legión de ofendiditos que navega por las redes, siempre al acecho.
 

Comento estos casos, el dramatismo generalizado, la infantilización de la sociedad, y luego me pregunto: ¿son los ofendiditos una amenaza para la libertad artística?

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